Liber IV 1-30

30 Mar 2006, 1:37 pm

Ruth, seducida por Espinete, se confiesa con su amiga Ana, y jura no ceder ante los encantos del erizo, fiel al recuerdo de su antiguo amor Don Pimpón, que ella cree muerto en uno de sus viajes con el marajá de Kapurtala; pero el vil adúltero se esconde y mantiene una historia turbulenta con Ana [...]

Por Sandrómaca

También conocida como Πότνια ὑπολογιστικῶν. Rubia escultural, 1,80 de altura, 22 añitos recién cumplidos, lista y maja donde las haya, buena cocinera y mejor conductora, muy apañaíta con las cosas informáticas, domina sus cinco idiomas (sin contar lenguas muertas), exiliada de momento inter improbos Britannos; y, en fin, siempre adorada por sus familiares y amigos en completa reciprocidad.

Ruth, seducida por Espinete, se confiesa con su amiga Ana, y jura no ceder ante los encantos del erizo, fiel al recuerdo de su antiguo amor Don Pimpón, que ella cree muerto en uno de sus viajes con el marajá de Kapurtala; pero el vil adúltero se esconde y mantiene una historia turbulenta con Ana en su barco, que se finge amiga de Ruth y escucha su lamento.

Pero la joven Ruth, eloquecida hace tiempo por grave cuidado,
con sus venas alimenta su herida y en ciega pasión se consume.
Vuelven una y otra vez a su mente la gran virtud del erizo y el inmenso
volumen de su panza; se han quedado clavadas en su pecho sus espinas
y sus palabras, y esa angustia no da un plácido descanso a sus miembros.
Y ya el día siguiente hacía relucir el Barrio Sésamo con la luz de Febo
y la Aurora había apartado del cielo la húmeda sombra,
cuando así se dirige, apenas en su juicio, a su unánime amiga:
“¡Ana, que eres Ana, qué sueños, indecisa, me aturden!
¡Qué nuevo huésped éste que se aloja en la verde caseta,
qué mano tonta tiene, qué hocico puntiagudo y qué planta!
Creo, sin duda, y no es vana mi fe, que desciende de dioses.
El miedo debilita los espíritus viles. ¡Ay, a qué vicios
se ha visto sometido! ¡Qué trabajosas orgías contaba!
Si en mi ánimo no se hubiera asentado, fijo e inconmovible,
que a nadie volvería a unirme en matrimonial vínculo,
después de que mi amor primero me burló con la muerte,
si hastiada del tálamo y la antorcha nupcial no estuviera,
acaso ante este solo peluche rosa sucumbir he podido.
¡Ana, que eres Ana, -lo reconozco-, tras la muerte del pobre Don Pimpón,
esposo mío, y mis penates despedazados por el crimen de mi hermano Roberto,
sólo Espinete ha doblegado mis sentidos y mi debil voluntad
ha impulsado. Reconozco las señas de la antigua llama.
Pero ¡ay! antes querría que la tierra se me abriera hasta el fondo,
o que el Padre Todopoderoso me lanzara con su rayo a las sombras,
a las pálidas sombras en el Érebo, y a la noche profunda,
antes, pudor, de que yo te profane o tus leyes destruya.
Don Pimpón, el primero que a él me unió, mis amores llevóse;
que él los tenga consigo y los guarde en su tumba”.
Y después que así habló, inundó su regazo de derramadas lágrimas.

Un escolio

  1. Rosita dice:

    Por favor, no puedo soportar más la risa. Maravilloso, sencillamente no tengo palabras. La envidia me corroe. ¿No querréis que contribuya yo también? Porfiiii!!!!

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Nummariae coniunctiones

Hoc locum lectum est aput Ennium, sed nemo dicit hodie: Miscellania patella de rebus variis dicitur

Fragmenta Bobiensia. De Nomine, p. 542, l. 10 (Grammatici Latini ex Recensione Henrici Keilii. 7 1880)